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N NARIÑO, Colombia

PASTUSITA

por Oscar Fernando Soto Agreda


 

 

Guías dejando en mis labios
Ese amor de juventud,
Con el arca de tus besos encendida
Entreabierta al éxtasis profundo
De calmar una sed,
De conocer un mundo.

Y vibraba tu cuerpo en un regio galope
Que te venía de adentro
Que nacía de tu alma
Y llenaba mi sangre de increíble potencia
De la grandiosa fuerza
Con que marcha el universo.

Y mientras tus besos tocaban
Mis labios con ansia loca
Me trasladé en otros tiempos,
Me devolví en la historia.

Puede ver que los abuelos
Disfrutaban de los cuentos,
De los paseos al Ejido
De las borondas del cuspe
Y en Pandiaco las termales.

Me embriagué de nostalgia
Al ver en mi pensamiento
A aquellas guaguas clinudas
Y a la piscuda del barrio
Y a aquel vecino achilado.

Y vi en ti a esa pastusa
Que en las fotos sonreía
Aquella en cuyas quernejas
Las flores resplandecían
Con aromado color rojo.

Aquella de follones encendidos
Y de pelearinga enagua
De extraña y sensual blusa
De zarcillos boniticos
Y besos dados con ñapa.

Vi en ti a aquella pastusa
Que bailaba la guaneña
Agachando su cintura
Con la vanidad terciada
Y en pases de medias vueltas.

Aquella que los bambucos
Los danzaba con pañuelos,
Con mirada picaresca
Terciando sus alpargatas
En la punta de los dedos.

Aquella que iba a la pila
Con jarras de arcilla negra
Y que cargaba las aguas
Con puros entre las jigras
Y rizadas en los labios.

Y entre tus ojos cerrados
Recordé sus ilusiones
Que eran agrados al cielo
Porque jamás alcanzaban
A pasar las pantorrillas.

Si, te imaginé en aquel tiempo
Cuando el beso se tenía
En el más bajo concepto
Y el escote no bajaba
Por no acercarse al infierno.

A esos años remotos
Me trasladaba tu boca,
A ese hermoso paisaje
Del Pasto viejo, arrimado
A las alas del recuerdo.

Y en esa fiera ñapanga
Que pinté en mi pensamiento
Vi en tus ojos, tu figura
Plasmados entre las telas
Y en ilusiones ya viejas.

Vi en ti a la pastusita
Que sus tochos sonrojaba
Ante el piropo lanzado
O ante el beso que le daban
Tan solo por condenarla.

Que nunca faltaba a misa
Pues en el cura creía
Más que en su pensamiento
Y evocaba los abrazos
Con el más bajo concepto.

Aquella que las mejillas
Se le tornaban tan rojas
Cuando el joven indecente
Con sus ojos maliciosos
Le miraba las rodillas.

Me figuré a esa pastusa
Que creía en la oración,
Que no salía ni al balcón
Por el temor a sus padres
Y de pecar contra Dios.

Aquella en quien la inocencia
Se amartelaba en los ojos,
Se le escurría hasta el alma
Y le agrandaba el pecho
Y le ennoblecía la entraña.

Aquella que el matrimonio
Le caía desde el cielo
Con una misión de madre
Que si por ella fuera
La cumpliría cien veces.

Y vi en ti a esa pastusa
Que se achilaba por nada
De grandes trenzas coquetas
Follón largo, inquieta enagua
Y muchos dados con ñapa.

Si…mientras tu cuerpo vibraba;
Aquí, junto a mi universo;
Me trasladé a ese pasado
Y te hice mi ñapanga
Siendo yo, tu pastuso amado.
Ven, por qué no traes
La chalina morada
Y los follones largos
Con que vestía la abuela.

Esas candongas grandes
Y el prendedor del cofre
Y la enagua bordada
Y el pintalabios rojo.

Y así bien disfrazada
Acércame tu boca
Para volver de nuevo
Al Pasto del recuerdo.

Quiero ver la ñapanga
De las trenzas coquetas
De la inquieta mirada
Y los besos con ñapa.

 

Cortesía y colaboración: Carlos Guillermo López López


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