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- Biografías
IPIALES, NARIÑO, COLOMBIA
DOCTOR MANUEL MARIA MONTENEGRO
Ipiales registró con pesar la muerte del doctor Manuel María Montenegro
Abogado, periodista, educador, político, diplomático, parlamentario,
gobernante, miembro de la asistencia social, el doctor Montenegro deja en
Ipiales y en Nariño un recuerdo grato en el ámbito ciudadano, por sus
múltiples actividades,
entre otras. En lo nacional, la ayuda económica mediante ley, a la Sociedad
El Carácter y a la carretera Ipiales-la Victoria. En lo seccional,
administró con pulcritud los intereses del departamento. El doctor López
Pumarejo, que conocía los valores liberales de la provincia, le encomendó la
jefatura de la oficina jurídica de la presidencia de la República y la
Secretaría del Consejo de Ministros.
En la vida privada, el doctor Manuel María sobresalió por su presencia
personal y cívica, por el afecto a la casa solariega, que contó con su
cariño y consejo; por la adhesión a su causa política, que profesó con
espíritu rectilíneo y amplitud democrática; por llevar con dignidad,
silencio, decoro, la parquedad de su haber económico.
Socialmente, el doctor Montenegro disfrutó de general simpatía y respeto. Lo
apreciamos porque conocíamos sus cualidades y virtudes patricias, su don de
gentes, el concepto noble y justo que tuvo de la amistad y su trayectoria
pública profesional, intelectual y humana.
Heredó de sus antepasados las convicciones católicas. Representó a Colombia
ante la Santa Sede, en la época de Pío XII, de quien recibió especiales
muestras de
personal benevolencia. Encargado de la Legación por ausencia del titular
Carlos Arango Velez, al doctor Montenegro le correspondió una delicada
misión en el
caso del Arzobispo González Arbeláez, que satisfizo con talento diplomático.
Por su rango, se relacionó con los monseñores Tardini y Montini, de la
Secretaría del Estado Vaticano; el segundo, más tarde Paulo VI.
La historia de la ciudad incluirá al doctor Montenegro entre los Ipialeños
sobresalientes en diversos campos del recurrir local; de ubicarlo en el
sitio a que se hizo acreedor en el tiempo por venir.
Con afecto despedimos al doctor Montenegro en su viaje postrero, que lo
encontró cristianamente preparado. (Tomado del diario del Derecho, Pasto,
lunes 4 de mayo
de 1987, pag.2).
Justo Reconocimiento
Así calificamos al que publicó en el semanario Antorcha del 11 de noviembre
de 1966, don Luis Córdoba Sánchez, sobre el doctor Manuel María Montenegro,
fallecido en 1987, en esta ciudad y cuyo recuerdo perdura en el espíritu de
cuanto tuvimos la ocasión de apreciar sus méritos personales y cívicos.
“Los merecimientos y virtudes que relievan la personalidad del Dr. Manuel
María Montenegro, nos permitimos registrar con honda satisfacción de
nariñenses, la honrosa distinción de que lo hizo objeto la H. Asamblea
Departamental el sábado anterior, al otorgarle la Medalla Cívica 1966,
reconociendo en forma solemne la prestancia moral e intelectual de quien es
uno de los valores sustantivos del departamento.
“Bien conocida es de los Ipialeños, la trayectoria de éste varón ilustre,
flor y nata de la intelectualidad suriana y hombre público que ha
conquistado altísimas posiciones por el solo esfuerzo de su inteligencia,
Juez, Catedrático, Gobernador, Diplomático, Magistrado, Rector de la
Universidad y todos los cargos de elección popular, representan una
admirable capacidad de servicio a la democracia y de indiscutible honor para
su tierra natal. Hace poco fue llamado a la Magistratura de la Cortes
Suprema de Justicia, honor que declinó con gran pesar para sus coterráneos,
pues un hombre ponderado y ecuánime como el Doctor Montenegro en la capital
de la República, es una autoridad decisiva para la solución de muchos
problemas en las regiones Sur Colombianas”.
El Doctor Montenegro, es otro de los “descubrimientos” de López el grande.
No ha sido Ministro del Despacho Ejecutivo porque la política para él, antes
que
demagogia y trampolín arrivista de lenta mediocricidad, es una ética, una
norma de permanente servicio y de disciplina de la inteligencia.
Ahora ha querido refugiarse bajo el alero amable de la casa solariega, sin
desear nada más. Por cierto prematuramente, pues en plena madurez
intelectual y
física, es mucho todavía lo que puede servir a su pueblo y a su departamento.
Como Virgilio Barco, como Londoño y Londoño, hubiera sido para Ipiales un
alcalde excepcional y un ejemplo para tantos nuevos dirigentes que no gustan
del sacrificio. El Doctor Manuel María Montenegro ha cumplido en su vida una
misión histórica”. (Tomado del diario El Derecho, Pasto, jueves 11 de
febrero de 1988, pag 5).

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