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El Santuario de Las Lajas
Texto por Glenda Vergara Estarita
A cinco kilómetros al norte de la frontera de Colombia y
Ecuador, entre los municipios de Ipiales y Potosí, se encuentra
la construcción de un santuario que maravilla por su
arquitectura medieval y por su situación topográfica entre los
riscos de la cordillera de los Andes. Su estilo gótico posee
tres niveles. Su interior sigue la tendencia de un estilo ojival,
constituido por columnas que se unen en el techo y por mosaicos
que están elaborados en fibra de vidrio.
Para llegar hasta el santuario de Las Lajas se debe hacer un
recorrido de hora y media de la ciudad de Pasto hasta Ipiales, y
pasar sobre el río Guaitará a través de un puente. El pavimento
de la vía terrestre está en buenas condiciones, y a medida que
se avanza se van encontrando estaciones que aluden a los
misterios del Rosario. Uno de los sitios por donde
obligatoriamente hay que pasar para llegar al santuario es El
Charco, donde se consigue el cuy, un plato que identifica a la
región nariñense. La carne de este animal es rica en proteínas y
su sabor es muy parecido a la del conejo.
El santuario de Las Lajas fue construido en una laja que mide
3.20 de alto por 2.30 metros de ancho. Esta piedra pertenece a
esta zona geográfica. Está localizado a cincuenta metros sobre
el río. En esta laja se encuentra Santo Domingo y San Francisco
adorando la imagen de la Virgen del Rosario con el niño Jesús en
brazos.El santuario tuvo su origen a causa de la aparición que
la Virgen le hizo a una niña indígena sordomuda. Se llamaba Rosa
y era hija de una indígena que debía ir cotidianamente de Potosí
a Ipiales para trabajar en la casa de unos españoles. Rosa habló
milagrosamente por primera vez para decirle a su mamá que una
mestiza y su mesticito se iban a caer al río. Era la Virgen y el
niño Jesús. Cuentan que cuando la sordomuda vio esa imagen,
exclamó: “¡La mestiza me llama!”.
En el mismo sitio de la aparición, pocos años más tarde, se
ofició la primera misa, y se inició la primera construcción de
una capilla en paja. Desde entonces se han llevado a cabo tres
construcciones correspondientes a épocas diferentes. En mayo de
1794 se comienza el primer templo construido a base de cal y
ladrillo siendo párroco de Ipiales el sacerdote Eusebio Mejia y
Navarro. En 1862 el sacerdote José Maria Burbano inauguró una
capilla más espaciosa y cómoda. Y el 5 de agosto de 1899 Fray
Ezequiel Moreno Díaz, Obispo de Pasto manifestó su aspiración de
construir un templo que tuviera el tamaño ideal para albergar a
la multitud congregada por tanta devoción.
El benefactor más conocido del templo de las Lajas fue “el ciego
Rivera”, quien a pesar de su ceguera total recorrió campos,
pueblos y ciudades solicitando dinero para comprar materiales
con los cuales construirle el santuario a Nuestra Señora.
El hecho milagroso del que fue testigo Juana Mueses y su hija
Rosa, de remota ocurrencia, en el año de 1750, fue el
multiplicador de una devoción que se ha mantenido vigente hasta
nuestros días, pues el número de feligreses que adoran el
santuario es cada año más grande.
Después de salir de Ipiales con rumbo hacía Potosí, se puede
apreciar desde un mirador la estructura del santuario mirando
hacia el cielo. Más adelante se encuentra un mercado de comida,
y de botellas vacías que los devotos compran para depositar el
agua bendita. Hasta el santuario en sí se llega a través de una
amplia y escalinata con doscientos sesenta y seis peldaños que
descienden y terminan a un costado del santuario. Al atrio se
llega cruzando un puente sobre el río que tiene ángeles
custodios dispuestos a lo largo, junto a los cuales los
peregrinos se detienen para descansar, pues el trayecto que debe
recorrerse por la escalinata es de varios kilómetros. Se puede
seguir por allí o se puede tener una vista frontal del santuario,
y si se prefiere, también existe la posibilidad de refrescarse
ante una caída de agua usada por los indígenas en sus ritos de
purificación. Otro camino conduce directamente hasta el río que
yace a los pies de las columnas que soportan al santuario, desde
donde el visitante puede mirar hacia arriba y extasiarse con la
imponencia del santuario. El presbítero Alberto Coral Bravo
opina que el santuario de Las Lajas es “topográficamente el mas
bello del mundo; religiosamente el mas visitado de América;
arquitectónicamente el mas audaz y original de Colombia”.
El 15 de septiembre de 1952, por voluntad del papa Pío XII, se
lleva a cabo la coronación de nuestra señora de Las Lajas en una
misa solemne que congregó a dieciocho obispos de Ecuador y
Colombia. Igualmente, este mismo pontífice el 30 de agosto de
1954 le otorga a este templo el título de Basílica Menor.
Las paredes del interior de la capilla son de piedra tallada de
color gris y el altar está construido en la misma piedra de la
cueva donde Rosa tuvo la visión. Tres sacerdotes ofician misas
por turnos que son muy concurridas y tienen como objetivo
suplicar una gracia o agradecer a la Virgen del Rosario por una
concedida.“La ojona”, o “La mestiza”, son otras denominaciones
afectuosas con las que la gente se refiere a una Virgen del
Rosario que Monseñor Justino Mejia y Mejia, párroco del
santuario por mucho tiempo, describió así: “La belleza de la
imagen de nuestra señora de Las Lajas es algo que asombra y
cautiva, que satisface a los ojos y al corazón, al gusto del
artista y al sabor del campesino. Para todos los ojos tiene una
mirada y para todos los corazones un latido”.
El verso del poeta nariñense Teófilo Albán Ramos da cuenta
también de la fe que la imagen despierta:
“Ella a todos escucha, a nadie deja;
a todos mira, a todos alboroza;
tiene amor por el alma que se queja,
y ritmos para el alma que solloza.”