|
IPITIMES.COM, NUEVA YORK, DOMINGO, 15
DE AGOSTO DE 2010
Ipiales es Manzanar del Río en la
novela del escritor Juan Revelo

En la novela “El
baúl de Mercedes Saluzo”, del escritor colombiano Juan Revelo,
gran parte de la trama se desarrolla en Manzanar del Río, una
ciudad situada en la frontera sur de Colombia. Ahora sabemos que
esa ciudad es Ipiales, en donde nació el autor, y en donde vivió
sus primeros años de infancia.
En entrevista
concedida al periodista Gustavo Ramírez, quien relacionó a
Manzanar del Río con otras poblaciones famosas, como “Macondo”
de García Márquez y “Comala” de Juan Rulfo, el escritor confesó
que Manzanar del Río es Ipiales, pero llevada a la ficción
literaria, con los recuerdos del tiempo que vivió en esa ciudad.
Albeiro
Arciniegas Mejía, escritor, también nariñense, ganador del
Premio Internacional de Cuento “Manuel Llano”, Cantabria España
(2005), escribió: “Se dirá que gran parte de la acción de esta
novela transcurre en Ipiales, en donde nació el autor, porque se
habla de la “Ciudad de las nubes verdes”.
(A continuación
reproducimos un fragmento del texto que Albeiro Arciniegas, leyó
con motivo de la presentación de la novela de Juan Revelo,
en la
Casa de la Cultura, en Ipiales, en septiembre de 2006)
La lectura de la
novela “El baúl de Mercedes Saluzo”, del escritor Juan
Revelo Revelo, me resultó inquietante desde las primeras
páginas. Este es un libro que desnuda realidades que tienen que
ver con las ideologías: el celibato, el segregacionismo, la
inquisición. En un diálogo entre Alejandro y Esneda –dos de los
personajes de la novela–, encontramos afirmaciones como ésta:
“El
segregacionismo (racial, político o religioso), es el peor
cáncer ético que puede poseer un ser humano o una sociedad. Ese
segregacionismo fue el que llevó a los nazis a provocar uno de
los más horrendos genocidios de la humanidad, igual a como
aconteció con el segregacionismo y terrorismo político de Stalin
que ordenó la muerte de millones de soviéticos, o como sucedió
con el fanatismo religioso, el de la Inquisición, que durante
siglos torturó y asesinó a cientos de miles de inocentes en
Europa y en toda América”. Es claro que Juan Revelo, a través de
su obra literaria, penetra en la dinámica del pensamiento
moderno, con una postura nueva que critica y deja en entredicho
las aberraciones ideológicas.
Este libro
escrito con oficio, con conocimiento de las técnicas literarias,
bien llevado en la tensión narrativa, profundo, dialógico –para
utilizar una palabra de académicos–, está llamado a convertirse
en uno de los hitos de la narrativa colombiana.
Existen en él,
pasajes memorables y poéticos como el final del capítulo: “La
abeja”, o filosóficos y de conocimiento de otros mundos como
cuando la acción se traslada a Italia o España.
“El baúl de
Mercedes Saluzo”,
es un libro que rompe con la parroquialidad, para volverse
universal. Se dirá que gran parte de la acción transcurre en el
sur de Colombia, en Ipiales, en donde nació el autor, porque se
habla de la “Ciudad de las nubes verdes”. Puede resultar cierto,
pero el Manzanar del Río de esta novela, es una población con la
suficiente ambigüedad literaria que la torna mítica y
universal.
Como todo buen
escritor, Juan Revelo, trabaja con lenguaje e imaginación. El
lenguaje en esta novela es limpio y fluido sin malabarismos
lingüísticos. La imaginación es rica, sin pecar de extravagante
o desmesurada. El verdadero escritor combate con palabras; no
las utiliza como detonantes, las acoge como amigas, las arropa.
A veces las deshecha, y en todo este arduo y complejo proceso de
seleccionarlas, eliminarlas, ubicarlas en el lugar exacto, está
presente la creatividad.
Nada más se le
pide, entonces, de sobrenatural al escritor; pero cuando este
trabajo se concreta en una obra llena de carácter, de donosura
artística, de ritmo y poesía, como ocurre con “El baúl de
Mercedes Saluzo”, no queda sino decirle a su autor: ¡Gracias
por este magnífico libro!.
Autor: Albeiro
Arciniegas Mejía
Ipiales:
“Ciudad
de las
nubes verdes”
“Manzanar
del Río era una ciudad pequeña y tranquila; tenía un aire
transparente y luminoso, y su cielo era de color azul verdoso a
la hora del crepúsculo; por eso la llamaban la ciudad de las
nubes verdes”. Juan Revelo
Revelo.
(“El baúl de Mercedes Saluzo”. Pág.152)
Fragmento del capítulo V
Seis meses
después, frente a la ventana de la alcoba, mientras observaba el
perfil de los edificios de la ciudad, y abrazaba contra su pecho
el portarretratos donde estaba la foto de Alejandro Saluzo,
Esneda recordó los tres años de matrimonio con él y le dolió su
ausencia. Levantó la vista y vio en el vidrio unas gotas de
lluvia que resbalaban con lentitud como si fueran lágrimas.
Volvió a pensar en Alejandro y suspiró nostálgica. Vino a su
memoria aquella ocasión cuando él tuvo que viajar a Manzanar
del Río, la ciudad donde vivió en su niñez. Había ido a
dictar unas conferencias y a visitar a sus familiares y amigos a
quienes no veía desde hace varios años. Recordó que tan pronto
llegó al aeropuerto, la llamó para decirle que tuvo un vuelo
tranquilo y le prometió volver a llamarla por la noche, al salir
de la reunión.
“Te extraño mi
amor –le había dicho ella, cuando contestó el teléfono–. Sin tu
presencia, la soledad llega a este apartamento como si fuera un
huracán que lo arrasa todo, incluida mi alegría”, –y después de
conversar un rato, agregó suplicante–: “Si mañana tienes tiempo,
te agradeceré me escribas una carta como
lo hacías
cuando éramos novios.
¿Me puedes complacer, amor?... “Intentaré
escribirte mañana cuando me desocupe –había dicho Alejandro al
oír esa petición–. Eres una romántica incorregible, pero así te
amo”.
Esneda también
recordó que al día siguiente, cuando llegó a su apartamento,
encendió el computador, se conectó a Internet, y allí halló la
carta de Alejandro donde le decía que la amaba y le prometía que
en el futuro iba a programar con anticipación los viajes para
que ella pudiera acompañarlo y así poder disfrutar la cercanía,
y a la vez, evitar esa sensación de soledad que él también
estaba sintiendo. Le contaba que esa tarde había ido a visitar
los sitios que en la infancia forjaron sus más entrañables
recuerdos y que encontró varias sorpresas que se las contaría
por teléfono al anochecer. Y cuando la llamó, Esneda le preguntó
curiosa, cuáles eran las sorpresas que encontró en Manzanar
del Río y Alejandro le dijo:
“Al salir de la
conferencia, fui a visitar la casa solariega donde vivieron mis
abuelos y mi tía Mercedes, y allí recuperé la memoria perdida
porque en esa casa nacieron mis primeros sueños.
Desafortunadamente, ahora está transformada en un hotel de
tercera clase, avejentado y somnoliento, con cien años sobre sus
muros y con miles de añoranzas que no interesan a la gente que
lo habita en forma transitoria”. Y le contó que había pedido
permiso para entrar a la casa, y que con tristeza comprobó que
los nuevos dueños le hicieron grandes transformaciones.
“La sala, el
comedor y la biblioteca situadas en el primer nivel –le dijo–,
están convertidas en un restaurante y un bar; el dormitorio de
las empleadas del servicio, ahora es una bodega donde guardan
los víveres; el oratorio situado cerca del zaguán que comunicaba
con el huerto, fue demolido y en ese lugar construyeron los
baños; la fuente de piedra tallada en estilo veneciano que se
levantaba en el centro del patio central fue reemplazada por una
mesa de cemento con una descomunal maceta llena de flores de
plástico.
Lo único que no
tuvo ningún cambio, fue la escalera para subir al segundo piso
donde estaban las ocho habitaciones que se convirtieron en
dieciséis al ser divididas con paneles de madera. Me dio un gran
pesar, cuando al abrir la ventana de la
que fue la alcoba de
mi tía
Mercedes, observé que
el huerto donde crecían las bellas rosaledas que ella cultivó
con tanto cariño, estaba convertido en un solar lleno de hierbas
y escombros. Pregunté que había pasado con los árboles de
manzana que se levantaban en la parte trasera de ese huerto, y
me dijeron que los cortaron para reemplazar unas vigas de la
casa que estaban dañadas. Fui a la cocina, que en mi niñez tenía
un amplio comedor auxiliar, y noté que el piso estaba resanado
en varias partes, igual que las paredes. La cocinera, una mujer
desdentada y con ojos antiguos, de apellido Chaspuengal, me miró
de pies a cabeza, y cuando le pregunté si ella conoció a los
anteriores dueños, me dijo que sí; y mirándome fijamente, afirmó
que yo me parecía a su ex patrón, Miguel Saluzo Fuertes –mi
abuelo–, para quien trabajó en su mocedad en la finca San Cosme.
“Usted tiene el mismo rostro de él cuando era joven” –dijo
apretando los ojos para enfocar su envejecida mirada, y al notar
que yo la observaba detenidamente, agregó:
“Con los años,
se me ha debilitado la vista, pero gracias a Dios, no he perdido
la memoria; por eso recuerdo muy bien a Don Miguel, a su señora
Emma Rosa y a su hija, la señorita Mercedes. Ella me contrató
varias veces para reemplazar a las dos empleadas que tenía,
cuando les daba vacaciones”. Al oír esto –le contó Alejandro a
Esneda–, yo le pregunté, para comprobar si decía la verdad, si
recordaba los nombres de las dos empleadas, y me dijo que se
llamaban Teodomira y Sixta Tulia, y agregó que fueron ellas
–antes de irse a vivir al Ecuador–, quienes corrieron el chisme
de que el tesoro que la tía Mercedes guardaba en el baúl, no fue
robado el día de su muerte, como algunos dijeron, sino que ella
lo enterró, a escondidas de todo el mundo, en algún lugar de la
casa o en la finca, semanas antes de ocurrir la tragedia”.
“Tapándose la
boca con la mano, como si se hubiera arrepentido de haberme
revelado esa confidencia –dijo Alejandro–, la mujer me pidió que
no volviera a hacer le preguntas, pero unos minutos más tarde,
recuperó la confianza y la locuacidad
y me contó
que los nuevos
dueños, tan pronto compraron la casa, se dedicaron a buscar por
todos lados ese tesoro, ayudados por un guaquero que trajeron de
Quito. ¿Y lo encontraron? –pregunté lleno de curiosidad–. Ella
arqueó la comisura de los labios, miró hacia el piso donde había
varios resanes con cemento y bajando la voz, me dijo: “Unos
dicen que si; los nuevos dueños dicen que no; yo digo que quién
sabe”, y soltó una risita maliciosa”.
“Cuando salí a
la calle –continuó Alejandro–, vi en el parque situado al frente
de la casa, a un grupo de niños corriendo y saltando ruidosos
alrededor del monumento que hay allí; y entonces recordé que en
mi infancia jugaba en ese parque con
mis primos, y pensé que esos tiempos fueron mejores que los
actuales, porque en esa época todo fluía sin premura ni
preocupaciones. Manzanar del Río era una ciudad pequeña y
tranquila, fácil de recorrer; tenía un aire transparente y
luminoso y sus cielo era de color verde a la hora del crepúsculo
–por eso la llamaban la ciudad de las nubes verdes–; en cambio ahora, los carros ruidosos y algunos letreros de mal
gusto contaminan las calles; nuevos negocios inundan los
antiguos barrios del centro y por todas partes se ven caras
desconocidas. Lo único que permanece idéntico es la belleza y
verdor de los paisajes y la fertilidad de los campos cercanos;
también el inconfundible aroma del pan de maíz recién horneado,
el delicioso sabor de los cuyes con papas y ají de maní, que
sirven en restaurantes especializados, y el dulzor de las
manzanas que todavía se cultivan en algunas fincas; pero lo que
se mantiene más firme es la cordialidad y hospitalidad de la
gente y los inmensos deseos de los jóvenes por progresar y salir
adelante”.
Recordando esta
conversación, Esneda volvió a abrazar el portarretratos donde
estaba la foto de Alejandro; levantó la vista y vio que las
gotas de lluvia seguían resbalando en los cristales de la
ventana de su alcoba como si fueran lágrimas. Pensó en Alejandro
con nostalgia; suspiró melancólica y nuevamente miró los vidrios mojados. La lluvia no cesaba.
Autor: Juan Revelo Revelo
El
baúl de Juan Revelo

En
vista de la gran acogida que tuvieron las dos primeras ediciones
de la novela “El baúl de Mercedes Saluzo” del escritor
nariñense Juan Revelo Revelo, especialmente entre los
lectores de Colombia y México, la editorial Epsilon Editores
decidió imprimir una tercera edición de esta novela, de la que
destacados escritores, críticos literarios, académicos y
diversos profesionales han expresado opiniones diversas después
de leerla. A continuación, reproducimos algunos fragmentos de
dichos comentarios.
Comentarios sobre la obra:
* El
antropólogo, académico y exgobernador de Nariño Eduardo Zúñiga
Erazo,
dijo el día de
la presentación de “El baúl de Mercedes Saluzo”, en el Paraninfo
de la Universidad de Nariño, en su lanzamiento de la primera
edición (septiembre 2006): “No dudo en manifestar que esta
novela, no sólo es una de las mejores que se han escrito en
Nariño y en Colombia, sino también en Latinoamérica. Es un
orgullo saber que un paisano nuestro, ha logrado producir esta
magnífica obra literaria, la cual procuraremos que la conozcan
todos los nariñenses, especialmente los jóvenes de los
diferentes colegios y universidades del departamento”.
* La
oftalmòloga de la Universidad de París,
Solangel Rochel Awad, escribió después de leer la primera
edición: “El libro “El baúl de Mercedes”, recrea de una manera
muy bella, por lo delicada y completa, la vida de una mujer rica
de provincia, de los años 40-50, con todo su entorno familiar y
social. Muestra también la situación de ambivalencia de esta
mujer, que aunque no sabemos el por qué abandona la vida
universitaria, regresa al nido familiar, amable pero patriarcal,
en donde encuentra sus límites. En el terreno amoroso tiene
intentos de autonomía pero finalmente también rinde sus armas y
hasta es probable que la vida misma”.
“La trama del libro
está muy bien trabajada. Se recrea de una manera hermosa la vida
de provincia, su tiempo lento, letárgico, sus estructuras
sociales, sus paisajes, sus casonas, su gente… Las historias de
los personajes lo van envolviendo a uno, poco a poco, hasta
llevarnos magistralmente al desenlace final. Me sentí tocada por
este libro y me encantó el misterio de la muerte de Mercedes que
deja abierta varias posibilidades respecto a los autores de los
hechos. Lograr tanto en tan pocas páginas, es una maravilla
literaria. Juan Revelo ha escrito un gran libro, una obra de
arte. Los ciudadanos del futuro podrán comprender mucho de
nuestra historia leyendo esta interesantísima y bella novela.
* El escritor,
periodista y catedrático Jorge Consuegra,
escribió en la revista cultural “Libros & Letras”, lo siguiente:
“El baúl de Mercedes Saluzo, es un libro con altísimas dosis de
excelente literatura, que indican que el autor conoce el oficio,
que es un buen lector, que tiene disciplina en el proceso de la
escritura. Escribir una novela de suspenso no es nada
fácil. Mantener la incógnita de la muerte de Mercedes, la
protagonista, hasta el final, es tarea difícil, y menos cuando
están de por medio las historias de Ernesto y Alejandro, los
sobrinos de Mercedes, que deciden descubrir el secreto que
esconde el baúl. De verdad que me gustó este libro. Es una
novela que se lee de un solo y continuo galope”.
* El escritor
Albeiro Arciniegas Mejía,
dijo en la presentación de la novela en la Casa de la Cultura de
Ipiales: “Este libro escrito con oficio, con conocimiento de las
técnicas literarias, bien llevado en la tensión narrativa,
profundo, dialógico –para utilizar una palabra de académicos–,
está llamado a convertirse en uno de los hitos de la narrativa
colombiana. (…) “El baúl de Mercedes Saluzo”, es un libro
que rompe con la parroquialidad, para volverse universal.
* El escritor y
critico literario Isaías Peña Gutiérrez,
dijo en la Feria
Internacional del Libro de Bogotá 2006: “En
páginas brillantes, la novela
“El baúl de
Mercedes”,
se adentra en la discusión del matrimonio de los sacerdotes
católicos y con sindéresis, se reflexiona sobre el obligado
celibato. Con admirable manejo narrativo, el libro cuenta, entre
otras, la historia de dos personas que llegan al matrimonio
civil teniendo que abandonar las órdenes religiosas. Mientras se
investiga el destino final del tesoro de Mercedes, la novela
indaga nuevas propuestas que resolverían uno de los temas más
caros para la iglesia católica.
Juan Revelo Revelo,
con absoluta discreción en su lenguaje, conocedor del manejo de
tensiones e intensidades narrativas, y mediante una arquitectura
argumental de gran armonía, sin caer en experimentalismos ni
ortodoxias literarias, ha escrito una excelente novela que deja
una muy grata sensación en el lector.
* El escritor,
historiador y periodista Enrique Santos Molano,
escribió en El Tiempo: “Tomando como punto de partida el cuento
‘El baúl’, ganador del Premio Nacional Ciudad de Barrancabermeja
2000, Juan Revelo Revelo ha trabajado los dieciséis capítulos de
esta novela con esmerada precisión narrativa, fruto de la
experiencia y madurez del escritor. La obra es por su contenido,
una novela que tiene sustancia, suspenso y reflexión, y es,
sobre todo, un excelente trabajo narrativo, una de las mejores
novelas colombianas de los últimos años”.
* El escritor y
académico mexicano Carlos Montemayor
escribió el 21 de
marzo de 2008: “Esta novela de viajes y suspenso, que
transcurre en tierras latinoamericanas y en algunas ciudades de
Europa, nos muestra en sus tres partes, en forma admirable, la
vida de los tres protagonistas principales. Mercedes Saluzo y
sus dos sobrinos, que se ven empujados a tomar caminos
imprevistos; como si el destino marcara sus vidas
inexorablemente. La estructura del libro es novedosa; las
reflexiones, interesantes y variadas; los viajes que describe,
llenos de datos históricos; el ritmo a veces poético, a veces
dramático, y el desenlace, muy bien escritos. Es una novela que
me gustó de principio a fin”.
Info. enviada por Epsilón Editores & Asoc.
ENLACES RELACIONADOS
-- Juan Revelo Revelo Página Principal.
--
Juan Revelo Revelo en IPITIMES.COM Resultados de la búsqueda del
15 de agosto de 2010 |