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Colombia camino al desfiladero
Por
Héctor Díaz Revelo
Manhattan, New York, 7 de Noviembre de 2003.-
(IpiTIMES).-
Mientras la brecha entre ricos y pobres se mantenga en Colombia en
altos y preocupantes índices; mientras los desempleados representen
más del 20 por ciento de la población económicamente activa y el
subempleo, es decir esa mal llamada “vida del rebusque”, la economía
informal signifique algo más del 28 por ciento, será en pocas
palabras la misma suerte corrida en los últimos siglos para el país.
De
mantenerse el modelo económico neoliberal en mi país, con cerca de
30 millones de colombianos en estado de pobreza, y de esos, unos 11
millones en miseria absoluta, y mientras continúe en aumento el
proceso de concentración de la riqueza en cálculos de 1600 a uno y
una siempre creciente deuda externa más allá de los 30 mil millones
de dólares, el nuevo régimen jamás podrá orientar las cosas a favor
de las mayorías olvidadas de la patria de García Márquez.
Un
país que pregona la existencia de una Estado Social de Derecho y sus
acciones solamente quedan a medias en el Derecho y desprecia por
tanto lo social; con una ejecución de justicia por los suelos,
justicia penalizada aplicada solo a los de ruana, ... ese país no
puede decirle al mundo que vive una de las democracias más antiguas
del continente, democracia de cartón custodiada celosamente por una
clase dirigente que la integran unas cuantas familias (cuatro, que
no cinco), lo que representa una altísima concentración de la
riqueza, poco vista en sus vecinos de América Latina.
La
geopolítica que ubica a Colombia como un país estratégico en lo
militar, económico y político, con sus riquezas marinas de los
océanos Pacífico y Atlántico, sus ricos yacimientos del oro negro,
el café más suave del mundo, banano, palma africana y por desgracia,
con gobiernos genuflexos a intereses privados nacionales y
extranjeros que mancillan la dignidad del colombiano del común, da
razón a quienes sostienen que mi país va camino al desfiladero, si
esa llamada sociedad civil no transita por los caminos de la defensa
de los derechos humanos, la protección de sus riquezas y el respeto
a su soberanía
La
biodiversidad colombiana, quizás la segunda en importancia en el
mundo, su inventario de fauna y flora, sus recursos naturales
renovables y no renovables, sumado a su talento humano, parece no
tener importancia alguna para el gobierno, en medio del más
aterrador mercado de coca y armas. Son funcionarios burócratas que
desconocen realidades como estas, para darle paso al gran sistema
económico en donde el capital lo permite y permea todo, en una
política de sálvese quien pueda.
En
campana electoral, desde los monopólicos medios de comunicación,
Horacio Serpa y Álvaro Uribe atizaban como atiza hoy el ganador,
entre comillas, la guerra, militariza la salida al conflicto
interno, ignora verdades para darle paso a la protección de los
intereses privados, a la banca criolla, al proceso de endeudamiento
externo, sin que se advierta siquiera que exista por lo menos en el
discurso, una actitud de beligerancia en la defensa de las mayorías
del país, de mejores oportunidades para la gente, el mejoramiento de
la calidad de vida, estigmatizando la lucha social y la protesta
popular, al peor estilo de las dictaduras militares del cono
suramericano
En
poco tiempo esas mayorías en Colombia saldrán a las calles a matarse
por un mendrugo de pan. Ellos, los que detentan el poder prefieren
creer que no es así. En poco tiempo, jóvenes y jovencitas, acallando
sus sueños en los burdeles de pueblos y ciudades, y sus padres,
presas del dolor y la desesperanza que los aleja cada día de la
posibilidad de una vida con justicia social, no tendrán otras
salidas como las altas tasas de suicidios, la prostitución y la
droga.
Los
nuevos impuestos del Presidente Álvaro Uribe, todos para desangrar
el país, todos para la guerra “acabaran por espantar la inversión y
de quebrar a empresarios y a la clase media”, se lamentaba Ramón
Jimeno, Periodista de una de las campanas electorales
La
inversión social ha pasado, en pocas palabras a financiar la guerra,
antes que los ricos colombianos, que tanto piden a gritos las
medidas de fuerza y el recrudecimiento de la guerra, la financien de
su propio bolsillo
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