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Ahora
que hemos mirado por televisión y leído en la
prensa, sobre la situación de las instalaciones
del Seminario Mayor de Bogotá, sobre su posible
venta o alquiler a poderosos grupos económicos y
que afortunadamente el diario El Tiempo, de la
capital de la República, lo denuncio en el
momento oportuno, dichas infraestructuras no se
pueden cambar de destino o uso económico tan
alegremente, como pensaba hacerlo el señor
cardenal de Colombia, monseñor Pedro Rubiano,
pues su forma jurídica, es similar a algunos
bienes que posee la actual Fundación San Vicente
de Paúl de Ipiales y es con base en un legado,
que para el caso de Bogotá, corresponde a lo
dejado por esa gran familia Sierra y el asunto
que nos compete, según sus benefactores, y un
grupo de filántropos de esta región, deberá
estar dedicado al sector salud y actividades
conexas, sobre todo que beneficie a la gente
menos protegida, como lo es la mayoría, de
Ipiales y resto de exprovincia de Obando.
Con la venta en estas últimas semanas de una las
últimas propiedades rurales que poseía la
Fundación San Vicente de Paúl, cual era la
hacienda localizada en la vereda Chires Centro
del municipio de Pupiales, alrededor de unas 70
hectáreas, que ha generado algunos recursos
económicos, esperamos, se los invierta en la
recuperación de algunas instalaciones de la
Fundación.
Parece ser, que se ha comenzado a analizar sobre
la parte del antiguo edificio, en su aspecto
estructural, lo que conllevará a tomar una serie
de decisiones en cuanto si este edificio
desmantelado por el señor obispo saliente de
Ipiales, monseñor Gustavo Martínez Frías, hace
más de siete años, sirve hoy en día; hay que
remodelarlo o en el peor de los casos es mejor
la construcción de uno nuevo.
De todas formas, se debe mantener la filosofía,
dejada por el último administrador o síndico,
como se le llamaba por aquel entonces, cuando
funcionaba el Hospital San Vicente, y era que la
fundación tenga un inmueble que sea
representativo en algunos ingresos económicos,
que tanta falta les hace.
Con un administrador joven, lleno de ideas,
solucionando grandes problemas de su antecesor,
al igual que con la orientación del actual señor
obispo de la Diócesis de Ipiales, monseñor
Arturo de Jesús Correa Toro, y su junta
directiva, se logre de una vez por todas, el
poner en funcionamiento, en forma adecuada estas
instalaciones y así cumplir con el legado dejado
por esos pro hombres.
Que no vaya a ocurrir, como con algunos obispos
salientes de la Diócesis de Ipiales, que nunca
dieron cuenta a la comunidad, en especial a los
que profesamos la religión católica, de los
bienes raíces que poseía la Fundación en el
corregimiento de la Victoria, y municipio de
Puerres. Lo único cierto, es hoy en día,
aquellos bienes, están en manos de particulares. |